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No nos vamos a mentir, tu también has soñado alguna vez con abandonarlo todo y cogerte un año sabatico. 12 meses en los que no hagas nada más que disfrutar de la vida y de tus pasiones.

Olvidar las preocupaciones, las facturas, el trabajo, los atascos y dedicarte a viajar, leer, pintar o meditar. Sueñas con tener mas tiempo, mas libertad y mas vida pero te sientes completamente atado al ritmo que te impone la sociedad. Deseas con toda tu alma poder romper esas cadenas que te atan al trabajo, al dinero y a ese bucle infinito en el que tu salario entra en tu cuenta para salir al día siguiente sin que tu hayas podido siquiera disfrutar un poco de él.

Salir de ese frenético ritmo que marca la sociedad es algo que casi todos deseamos en el fondo de nuestros corazones pero la mayoría de nosotros vemos esa posibilidad como un sueño completamente irreal e inalcanzable. El miedo nos invade y nos paraliza. Todos tenemos miedo al fracaso, a no tener un trabajo y a no encontrar un lugar adecuado en este mundo. Así que preferimos quedarnos donde estamos porque de esa forma sabemos que la vida sigue y que en ese pequeño rinconcito de la ciudad que nos hemos montado somos los reyes del mambo. Creemos que ahí no estamos tan mal pero la realidad es que nuestra alma sueña con ser libre y salvaje. En el fondo sabemos que es posible vivir de otra forma y es por eso que voy a contarte mi historia. Porque creo que cada uno nos forjamos nuestro propio camino y que todo tenemos las herramientas para poder ser completamente libres y felices. Estemos donde estemos y hagamos lo que hagamos, siempre es posible cambiar nuestra vida si no estamos satisfechos con ella.
El cambio es posible

Tal y como han demostrado Angel de vivir al maximo o Antonio G, es posible salir del sistema. Hay mucha mas gente de la que piensas que se aventuró a dar el paso para vivir la vida que querían. Y creeme que no hay ningún truco escondido detras. No es que sean ricos, ni hayan ganado la lotería. Simplemente tuvieron un objetivo claro, querían ser libres y lucharon para conseguirlo.

La vida perfecta

A los 22 años me gradué en la universidad como bióloga especializada en biodiversidad y biología evolutiva. Como la mayoría de los recién licenciados tenía muchos proyectos e ideas sobre todo lo que haría al salir de la universidad. Mi pasión son los monos y mi sueño mas profundo era abrir un centro de rescate de primates en España. Si, se que suena raro pero hay mas monetes necesitados en nuestro país de lo que parece (y no me refiero a los de Gibraltar). El caso es que yo me sentía una visionaria, tenía claro mi objetivo e incluso creé todos los protocolos, planos y presupuestos necesarios para ello durante mi último año de carrera. Me imaginaba como la próxima Jane Goodall. Viajando por el mundo dando conferencias sobre protección de la naturaleza y salvando miles de animales.

Pero al salir la facultad la realidad me dio una bofetada en la cara. Me fui a vivir con mi novio de aquel entonces y me di cuenta de que necesitaba dinero para vivir, pagar la casa, la luz, comer, salir los fines de semana, etc. No es ningún secreto que los trabajos de zoología en España no abundan así que no me quedó mas remedio que meterme de dependienta en una tienda mientras me sacaba un máster en educación. Con todo eso, mi proyecto de salvar monos se fue quedando en el olvido. La sociedad me estaba absorbiendo sin que yo fuera consciente de ello.

Poco a poco, fui teniendo la necesidad de conseguir un trabajo mejor, con mayores beneficios y un mejor salario así que me postulé para un puesto en la visita médica y lo conseguí. Y ahí estaba yo, trabajando para el lobby farmaceutico del que tanto había renegado durante mis años de universidad. Pero hay que reconocer que la oferta fue muy tentadora. Un salario que a veces llegaba a 3000€, beneficios económicos por consecución de objetivos, coche, teléfono móvil, tarjeta de crédito… A mis 23 años tenía el trabajo perfecto. Lo único que tenía que dar a cambio es estar disponible para mis clientes y jefes las 24 horas del día, vender sin importar cómo e invertir el 100% de mi energía y esfuerzo en la empresa. No era para tanto, ¿no? A mi al menos no me lo parecía. El problema es que no era consciente de que estaba dando mi vida a cambio de un trabajo. Pensaba que una mejor casa o comprarme mas ropa eran beneficios suficientes para poder ser feliz pero la realidad era muy diferente. Sin darme cuenta fui sumiendome en un estado de apatía que fue transformandose en depresión. Nada me llenaba, nada me apetecía, nada era suficiente para ser feliz.

Pasé un año y medio acudiendo terapia y gasté mucho dinero en un psicologo que me ayudara a buscar mi lugar en este mundo. He de reconocer que me ayudó mucho para poder tener la valentía de reconocer que mi vida no me hacía feliz. Pero aún así no tenía ni idea de cómo cambiarla ni qué es lo que quería exactamente. Hasta que una tarde charlando con mi amiga Nuria, me comentó que quería cogerse un año sabático para viajar por el mundo. Y se me encendió la luz con un brillo cegador. Eso era lo que necesitaba, un cambio radical. Así que sin pensármelo dos veces, sin hacer cuentas ni darle importancia a lo que significaba realmente desaparecer durante 12 meses le dije que yo lo haría con ella. Estaba decidido, eso era lo que necesitaba. Ahí encontraría mi verdadero propósito en la vida.

Atravesar el muro

Decir que vas a dejarlo todo para viajar por el mundo es una cosa pero llevarlo a cabo es una cuestión completamente distinta. En primer lugar está el trabajo, ese núcleo absorbente que es el eje sobre el cual giraba mi vida. Ser desempleado ya es preocupante, pero dejar un trabajo como el mío era de locos. En ese punto las dudas te asaltan a diario: ¿Estaré haciendo lo correcto? ¿Y si después no encuentro trabajo? ¿Y si no tengo los recursos suficientes? Empecé a intentar autoconvencerme de que mi vida no era tan mala pero la realidad es que nada había cambiado y lo único que tenía era un miedo brutal a salir de mi zona de confort.

A todas mis dudas, inseguridad y miedos tuve que sumarle el hecho de que al principio no tuve ningún tipo de apoyo por parte de mi familia ni de mis amigos. Cada vez que comentaba mis ideas de cambiar radicalmente de vida me encontraba con tres tipos de respuestas; por un lado estaban las personas que me decían que estaba loca, que no estaba siendo responsable y que eso demostraba mi nivel de madurez. Luego estaban aquellos que se enfadaban, me decían que era una falta de respeto hacia todos los desempleados del país y que me dejara de tonterías y diera gracias por tener un trabajo como el mío. El resto simplemente asentía y ponían cara de no creerse ni media palabra de lo que les decía. Pero sin duda lo más complicado fue aceptar el hecho de que mi familia no me apoyaba en mi decisión.
Tú eres la clave

Ante una situación así, en la que tu decisión interna está tomada pero tu apoyo exterior es nulo sólo te queda una opción: confiar en tí mismo. Siempre he creído que cuando tomas una decisión contundente y estás dispuesto a lograr algo cueste lo que cueste, el universo acaba por ponerse de tu lado. Ojo, no quiero decir que cumplir tu sueño se logre mágicamente sin mover un dedo. El trabajo y la dedicación son claves, pero también lo es la valentía y la confianza en que, al final, todo sucede como debe.

En mi caso, una vez que mi familia vio que yo no iba a dar marcha atrás tanto si les gustaba como si no, comenzaron a apoyarme y ayudarme en todo lo que pudieron. Fue en ese punto cuando todo el universo comenzó a alinearse. Aparecieron oportunidades para ganar dinero antes de irme, una familia de acogida amorosa para mis mascotas y vuelos baratos para comenzar mi viaje por África.

Y de esa forma, con tan solo una mochila y sin saber muy bien qué esperar del futuro, un 14 de agosto puse rumbo a lo que sería el inicio de mi nueva vida.

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